27/01/08

Canon Digital: un modo de vida.

Hace escasos días un buen amigo me recordó algo que Nietzsche escribió: “el conocimiento es como una centella que brota del choque entre dos espadas”. Días antes, y a propósito del debate en el Congreso sobre la enmienda de reforma del canon digital, escuché las opiniones al respecto de los invitados al programa radiofónico ‘La ventana’ y una sensación amarga atravesó mi pecho al constatar la poca incisión con que se puede tratar ciertos temas, con una uniformidad de ideas pasmosa y sin confrontación alguna de las mismas para sacar algo cercano a eso que llaman verdad. Los tertulianos, que en muchas otras ocasiones presumen de flexibilidad de ideas, partían previa y erróneamente de una idea preestablecida e inmutable desde la que nacían todos los argumentos: la música es un modo de vida. Pero esto no es así. La música es arte. A partir de aquí, todo es letra muerta. El mismo amigo que me iluminó con la frase del filósofo alemán, es además compositor y cantante de un grupo musical. Él y el resto la banda no sólo son pirateados y no cobran nada por su música, sino que pagan por ella. Pagaron por su formación, pagan por sus instrumentos y pagan por tocar en una sala. Y aman lo que hacen. Y son músicos exactamente igual que los socios de la SGAE. Pero sienten que no pueden forzar a ninguna persona de la sociedad a pagar por algo que ellos hacen por pasión. Por eso dedican parte de su vida a trabajar en otra cosa por lo que la sociedad sí está dispuesta a pagar, y con ello poder seguir sintiendo eso que sólo se siente con una buena canción. Los defensores del canon pierden de vista la idea esencial de que el arte es identificación. Cuando una canción te toca, te pega y te noquea, en ese mágico e inigualable momento, pasas automáticamente a situarte detrás, a refugiarte en ella: la canción ya es tuya, es parte de ti, eres tú. Esa identificación lleva, en la mayor parte de los casos que conozco, al mismo lugar, al concierto, a la camiseta o incluso al disco, ya sea físico o a través de Internet.Existen músicos, deportistas, escritores, que han de trabajar de camareros, de consultores o de taxistas para pagar por su arte, pero los socios de la SGAE y sus cómplices de opinión no son capaces de darse cuenta desde su mundo burgués y acomodado y, aterrados, prevén que se acerca el día en el que producir arte no implique, automáticamente, un modo de vida.

Alfonso Goiriz

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien escrito bro. Debería estar publicado en alguna editorial de periódico. A ser posible uno de opinión no seSGAEda.

Anónimo dijo...

Qué bueno! Estupendo argumento. Se puede decir más alto...